Portugal vs Argentina final

waldo77

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Oct 22, 2025
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Los 90 minutos terminan en un empate asfixiante. Las piernas tiemblan, el mundo no respira. Empieza la prórroga y el destino se vuelve cruel:
Minuto 105: Penal para Argentina. Messi, con la mirada fría, fusila. Gol. La grada argentina ruge mientras Messi corre al córner, besando el escudo, oliendo la gloria definitiva.
Minuto 111: Otro penal fulminante. Messi no falla. 2-0. Las cámaras enfocan a los hinchas portugueses llorando en la tribuna. Todo parece terminado. La farsa perfecta está por completarse.
Minuto 113: Pero el orgullo de un gigante no muere. Cristiano Ronaldo toma el balón en mitad de cancha. Con la rodilla destrozada y el alma en un hilo, deja atrás a tres rivales en una conducción salvaje y rompe el arco. Gol. 2-1. El bicho no festeja; ruge de dolor y pide el balón.
Minuto 118: Tiro libre en la frontal del área. CR7 respira profundo, se le humedece los ojos por el esfuerzo físico. Dispara. El balón dibuja una curva celeste y entra al ángulo. Un 2-2 agónico. El estadio es un manicomio de llanto y adrenalina.
Minuto 120+3: La última jugada del partido. Un centro colgado al área que parece suspendido en el tiempo. Cristiano se eleva, flotando sobre las nubes, desafiando a la gravedad por última vez, y mete un frentazo que revienta. ¡PORTUGAL CAMPEÓN 3-2!

El estadio explota en júbilo. Tras el pitazo final, Cristiano Ronaldo cae de espaldas sobre el césped verde, con los brazos abiertos y una leve sonrisa fija mirando al cielo. Sus compañeros celebran saltando entre ellos, el cuerpo técnico se abraza llorando y los fotógrafos lo enfocan desde lejos. Todos en el estadio piensan que solo está celebrando de una forma íntima, descansando unos segundos, completamente exhausto tras haber dejado la vida entera en esa última jugada.
Pasan los segundos y nadie se acerca a interrumpir su "descanso". Pero el capitán no se levanta. Cuando Leao se acerca sonriendo para levantarlo y abrazarlo, le toca el pecho y el mundo se detiene. El cuerpo de Cristiano no está frío, sino que emite un sutil destello dorado. No hay pulso físico, sus ojos fijos en el cielo están en una paz absoluta, pero en ese instante ocurre el milagro.
El cielo de Nueva Jersey se abre por completo. Una columna de luz blanca desciende directamente sobre su cuerpo inerte. De su pecho comienza a emerger una silueta traslúcida y resplandeciente: es su alma, que asciende a un plano astral a la vista de las cámaras de todo el planeta.
Ha cargado voluntariamente en su espíritu con todos los pecados, el dinero sucio de Qatar y la podredumbre del fútbol moderno para purificar el juego. A medida que su esencia divina sube hacia el cosmos, el PSG comienza a disolverse en el aire en las pantallas de televisión, desapareciendo para siempre de la faz de la tierra como daño colateral de esta purga celestial. El fútbol ha sido liberado de la corrupción por el sacrificio de un dios viviente.

Minutos después, con el estadio sumido en un Lionel Messi completamente sagrado, con los ojos hinchados de tanto llorar y temblando de culpa, entra a la rueda de prensa.
No hay rastro de soberbia, solo una profunda expresión de asco hacia sí mismo y una humillación insoportable. Se sienta frente a los micrófonos, se tapa la cara con las manos temblorosas y arrastra las palabras con la voz rota por un sollozo incontrolable:
"Siento una vergüenza que no me cabe en el pecho... Me da asco mirarme al espejo. No puedo seguir sosteniendo esta mentira ante los ojos del mundo, es una humillación insoportable para mí y para este deporte. Infantino y el poder me lo dieron todo armado en la mesa, me regalaron todo... Mientras yo vivía en una farsa protegida, el verdadero héroe, el único Dios de este juego, acaba de ascender al cielo tras salvarnos a todos" .
Messi agacha la cabeza por completo, escondiendo su rostro sobre el escritorio mientras rompe a llorar desconsoladamente, entregando su corona bajo el peso de su propia culpa, mientras la silueta astral de Cristiano se integra de forma permanente en las estrellas, cuidando el fútbol purificado por el resto de la eternidad.
Ese es mi pequeño sueño
 

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Igoradolollollollo
 
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Los 90 minutos terminan en un empate asfixiante. Las piernas tiemblan, el mundo no respira. Empieza la prórroga y el destino se vuelve cruel:
Minuto 105: Penal para Argentina. Messi, con la mirada fría, fusila. Gol. La grada argentina ruge mientras Messi corre al córner, besando el escudo, oliendo la gloria definitiva.
Minuto 111: Otro penal fulminante. Messi no falla. 2-0. Las cámaras enfocan a los hinchas portugueses llorando en la tribuna. Todo parece terminado. La farsa perfecta está por completarse.
Minuto 113: Pero el orgullo de un gigante no muere. Cristiano Ronaldo toma el balón en mitad de cancha. Con la rodilla destrozada y el alma en un hilo, deja atrás a tres rivales en una conducción salvaje y rompe el arco. Gol. 2-1. El bicho no festeja; ruge de dolor y pide el balón.
Minuto 118: Tiro libre en la frontal del área. CR7 respira profundo, se le humedece los ojos por el esfuerzo físico. Dispara. El balón dibuja una curva celeste y entra al ángulo. Un 2-2 agónico. El estadio es un manicomio de llanto y adrenalina.
Minuto 120+3: La última jugada del partido. Un centro colgado al área que parece suspendido en el tiempo. Cristiano se eleva, flotando sobre las nubes, desafiando a la gravedad por última vez, y mete un frentazo que revienta. ¡PORTUGAL CAMPEÓN 3-2!

El estadio explota en júbilo. Tras el pitazo final, Cristiano Ronaldo cae de espaldas sobre el césped verde, con los brazos abiertos y una leve sonrisa fija mirando al cielo. Sus compañeros celebran saltando entre ellos, el cuerpo técnico se abraza llorando y los fotógrafos lo enfocan desde lejos. Todos en el estadio piensan que solo está celebrando de una forma íntima, descansando unos segundos, completamente exhausto tras haber dejado la vida entera en esa última jugada.
Pasan los segundos y nadie se acerca a interrumpir su "descanso". Pero el capitán no se levanta. Cuando Leao se acerca sonriendo para levantarlo y abrazarlo, le toca el pecho y el mundo se detiene. El cuerpo de Cristiano no está frío, sino que emite un sutil destello dorado. No hay pulso físico, sus ojos fijos en el cielo están en una paz absoluta, pero en ese instante ocurre el milagro.
El cielo de Nueva Jersey se abre por completo. Una columna de luz blanca desciende directamente sobre su cuerpo inerte. De su pecho comienza a emerger una silueta traslúcida y resplandeciente: es su alma, que asciende a un plano astral a la vista de las cámaras de todo el planeta.
Ha cargado voluntariamente en su espíritu con todos los pecados, el dinero sucio de Qatar y la podredumbre del fútbol moderno para purificar el juego. A medida que su esencia divina sube hacia el cosmos, el PSG comienza a disolverse en el aire en las pantallas de televisión, desapareciendo para siempre de la faz de la tierra como daño colateral de esta purga celestial. El fútbol ha sido liberado de la corrupción por el sacrificio de un dios viviente.

Minutos después, con el estadio sumido en un Lionel Messi completamente sagrado, con los ojos hinchados de tanto llorar y temblando de culpa, entra a la rueda de prensa.
No hay rastro de soberbia, solo una profunda expresión de asco hacia sí mismo y una humillación insoportable. Se sienta frente a los micrófonos, se tapa la cara con las manos temblorosas y arrastra las palabras con la voz rota por un sollozo incontrolable:
"Siento una vergüenza que no me cabe en el pecho... Me da asco mirarme al espejo. No puedo seguir sosteniendo esta mentira ante los ojos del mundo, es una humillación insoportable para mí y para este deporte. Infantino y el poder me lo dieron todo armado en la mesa, me regalaron todo... Mientras yo vivía en una farsa protegida, el verdadero héroe, el único Dios de este juego, acaba de ascender al cielo tras salvarnos a todos" .
Messi agacha la cabeza por completo, escondiendo su rostro sobre el escritorio mientras rompe a llorar desconsoladamente, entregando su corona bajo el peso de su propia culpa, mientras la silueta astral de Cristiano se integra de forma permanente en las estrellas, cuidando el fútbol purificado por el resto de la eternidad.
Ese es mi pequeño sueño
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Minuto 105: Penal para Argentina. Messi, con la mirada fría, fusila. Gol. La grada argentina ruge mientras Messi corre al córner, besando el escudo, oliendo la gloria definitiva.
Minuto 111: Otro penal fulminante. Messi no falla. 2-0. Las cámaras enfocan a los hinchas portugueses llorando en la tribuna. Todo parece terminado. La farsa perfecta está por completarse.
Minuto 113: Pero el orgullo de un gigante no muere. Cristiano Ronaldo toma el balón en mitad de cancha. Con la rodilla destrozada y el alma en un hilo, deja atrás a tres rivales en una conducción salvaje y rompe el arco. Gol. 2-1. El bicho no festeja; ruge de dolor y pide el balón.
Minuto 118: Tiro libre en la frontal del área. CR7 respira profundo, se le humedece los ojos por el esfuerzo físico. Dispara. El balón dibuja una curva celeste y entra al ángulo. Un 2-2 agónico. El estadio es un manicomio de llanto y adrenalina.
Minuto 120+3: La última jugada del partido. Un centro colgado al área que parece suspendido en el tiempo. Cristiano se eleva, flotando sobre las nubes, desafiando a la gravedad por última vez, y mete un frentazo que revienta. ¡PORTUGAL CAMPEÓN 3-2!

El estadio explota en júbilo. Tras el pitazo final, Cristiano Ronaldo cae de espaldas sobre el césped verde, con los brazos abiertos y una leve sonrisa fija mirando al cielo. Sus compañeros celebran saltando entre ellos, el cuerpo técnico se abraza llorando y los fotógrafos lo enfocan desde lejos. Todos en el estadio piensan que solo está celebrando de una forma íntima, descansando unos segundos, completamente exhausto tras haber dejado la vida entera en esa última jugada.
Pasan los segundos y nadie se acerca a interrumpir su "descanso". Pero el capitán no se levanta. Cuando Leao se acerca sonriendo para levantarlo y abrazarlo, le toca el pecho y el mundo se detiene. El cuerpo de Cristiano no está frío, sino que emite un sutil destello dorado. No hay pulso físico, sus ojos fijos en el cielo están en una paz absoluta, pero en ese instante ocurre el milagro.
El cielo de Nueva Jersey se abre por completo. Una columna de luz blanca desciende directamente sobre su cuerpo inerte. De su pecho comienza a emerger una silueta traslúcida y resplandeciente: es su alma, que asciende a un plano astral a la vista de las cámaras de todo el planeta.
Ha cargado voluntariamente en su espíritu con todos los pecados, el dinero sucio de Qatar y la podredumbre del fútbol moderno para purificar el juego. A medida que su esencia divina sube hacia el cosmos, el PSG comienza a disolverse en el aire en las pantallas de televisión, desapareciendo para siempre de la faz de la tierra como daño colateral de esta purga celestial. El fútbol ha sido liberado de la corrupción por el sacrificio de un dios viviente.

Minutos después, con el estadio sumido en un Lionel Messi completamente sagrado, con los ojos hinchados de tanto llorar y temblando de culpa, entra a la rueda de prensa.
No hay rastro de soberbia, solo una profunda expresión de asco hacia sí mismo y una humillación insoportable. Se sienta frente a los micrófonos, se tapa la cara con las manos temblorosas y arrastra las palabras con la voz rota por un sollozo incontrolable:
"Siento una vergüenza que no me cabe en el pecho... Me da asco mirarme al espejo. No puedo seguir sosteniendo esta mentira ante los ojos del mundo, es una humillación insoportable para mí y para este deporte. Infantino y el poder me lo dieron todo armado en la mesa, me regalaron todo... Mientras yo vivía en una farsa protegida, el verdadero héroe, el único Dios de este juego, acaba de ascender al cielo tras salvarnos a todos" .
Messi agacha la cabeza por completo, escondiendo su rostro sobre el escritorio mientras rompe a llorar desconsoladamente, entregando su corona bajo el peso de su propia culpa, mientras la silueta astral de Cristiano se integra de forma permanente en las estrellas, cuidando el fútbol purificado por el resto de la eternidad.
Ese es mi pequeño sueño
Messi es peor que hitler?
 
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